martes, 10 de diciembre de 2013

Coronación de los Reyes Magos 2014

Con el mes de diciembre damos la bienvenida a la Navidad, y con ella, a la tradicional cabalgata de Reyes Magos que recorrerá las calles de Paradas el próximo 5 de enero. Los protagonistas de la misma, los tres Reyes Magos, serán coronados el viernes 13 de diciembre en el Aula Cultural Municipal ‘La comarcal’.

El Rey Melchor estará representado por Daniel Cansino Muñoz-Repiso, traumatólogo y cirujano ortopédico; La empresaria Mari Carmen Vega Parrilla, la única mujer de este cortejo, hará lo propio con el Rey Gaspar; y su Majestad, el Rey Baltasar, será encarnado por el más joven de todos, Carlos Bryan Hurtado Recacha, cartero de profesión.



Cabalgata de Reyes 2013
Fotografía: Ayuntamiento de Paradas

El acto, donde serán coronadas sus Majestades, será amenizado por un coro de campanilleros que deleitará al público con los villancicos populares más conocidos y además, con la ya tradicional Glosa de la Navidad que este año será pronunciada por la paradeña Patricia Bejarano. 


lunes, 9 de diciembre de 2013

Tres semanas sin Ana Isabel


Ana Isabel Maqueda Arispón, que residía en la localidad sevillana de Marchena, lleva desaparecida desde el pasado 15 de noviembre y aún sigue en paradero desconocido. La joven, de 28 años, fue vista por última vez por su abuela, que se acercó a la cama a llevarle un vaso de leche porque Ana Isabel se encontraba un poco enferma el día de su desaparición, tal y como ha explicado su hermano, Ángel Maqueda.

Pero no fue hasta por la tarde cuando sus familiares comenzaron a extrañarla, ya que no acudió a su trabajo en la empresa Procavi y su hermana, compañera de trabajo, dio la voz de alarma. “Ya no era no era normal lo que estaba pasando, ella es muy tímida y no suele salir mucho de casa”, comentó Ángel. Además, Ana Isabel "salió de casa como si hubiese salido a tomar un café, solamente se llevó su bolso", explica la tía de la desaparecida.


La Guardia Civil, que ha calificado el caso como de alto riesgo, comenzó la búsqueda por los alrededores del pueblo de Marchena, aunque activó el protocolo a nivel nacional. La delegada del Gobierno en Andalucía confirmó que la búsqueda se había ampliado hasta la Costa del Sol. “Se ha encontrado algún material y se han investigado cuestiones adicionales a través de las personas allegadas a la familia. Por eso, se ha decidió ampliar el rastreo a la Costa del Sol”, explicó la delegada. 

viernes, 6 de diciembre de 2013

Testigos de la Guerra Civil en Paradas

La Guerra Civil comenzó oficialmente el 18 de julio de 1936, pero no para todos los españoles. En Paradas, donde actualmente viven Juana Saucedo y Antonio Rodríguez, las tropas llegaron el 23 de Julio.

Según cuenta Juana, que tenía 15 años, “los socialistas formaron un lío”. Salieron todos a la 
calle vestidos iguales con unas corbatas coloradas y bordadas con el lema ´viva el socialismo' y con banderas para hacerse notar. Todo el mundo estaba muy asustado porque creían que aquello no iba a traer buen resultado. También sacaron los santos de la Iglesia de Paradas a la calle y destrozaron todo lo que se encontraban a su paso. “Fue una ruina para ellos porque con más veneno venían los otros luego”. La Iglesia de San Eutropio de Paradas fue totalmente destruida. Desaparecieron doce retablos y 14 imágenes quedaron destrozadas;algunas para siempre, otras, se restauraron en los años posteriores.

La radio era el único medio de comunicación en aquellos años y por ello,  el único modo de saber lo que estaba ocurriendo en el resto de España. Pero no siempre fue así. La mayoría de los españoles supieron que la guerra había comenzado por los tiros que se oían cuando las tropas entraban en los pueblos. Este fue el caso de Juana Saucedo que recuerda aquel día como si fuera ayer. “Se escuchaba decir a la gente que la tropa venía matando y todo el mundo se asustó”. Se pusieron sacos de arena en las entradas del pueblo, pero lógicamente eso no sirvió de nada. Más tarde, se comenzaron a oír tiros y todo el mundo salió de sus casas y se fueron al campo. “Recuerdo que mi hermana, mi padre, mi tía y yo nos fuimos a casa de Concha que tenía una huerta en Carpía. Dejamos las casas, lo dejamos todo”. A la mañana siguiente, volvieron al pueblo porque en el campo no podían seguir. Juana recuerda que del miedo que tenía la gente no dormían ni siquiera.

Otros vecinos no volvieron al pueblo hasta que las cosas no estuvieron más calmadas como  Antonio Rodríguez, que tenía trece años. “La noche antes de que entraran las tropas del bando de la derecha nos fuimos a la entrada del monte”. De ese lugar, se fue con toda su familia a Casas Viejas donde estuvo dos meses. Tenían miedo de volver al pueblo y decidieron huir a un lugar alejado de Paradas, donde nadie los conociera. Al volver, todo estaba más calmado, aunque los fusilamientos seguían, ya que no cesaron hasta el mes de Noviembre o Diciembre.

Cuando las tropas entraron en Paradas, destrozaron todo lo que encontraron en su camino. “Entraban en las tiendas de comestibles y tiraban todos los productos al suelo, aunque después no mataban a sus dueños, solo era por hacer daño y provocar destrozos”, recuerda Antonio; Reventaron los barriles de las bodegas que había en el pueblo y el vino corría calle abajo y también destrozaron un bar que estaba situado en la esquina de la Plazuela de la Cárcel. Allí tiraron las sillas, las mesas, rompieron las botellas, etc. Después se llevaron al dueño, lo mataron y le quitaron la taberna a su familia. Se quedaron sin nada.

Los nacionales entraban en las casas a registrar para ver si allí se encontraban las personas que ellos buscaban para encarcelarlas y después matarlas. “Se les tenía que abrir hasta los cajones”, cuenta Juana. Muchos de ellos, para no ser encontrados, se escondían dentro de los pozos de las casas. “Tenías que hacerle caso cuando llegaban a registrar las casas y enseñarles hasta el último rincón y sin protestar. Si no lo hacías, ya estabas señalada y te mataban”, recuerda Juana.

La forma más común de asesinar a una persona durante el período de la Guerra Civil fueron los fusilamientos. El lugar más habitual donde se llevaban a cabo era el cementerio, aunque también te podías encontrar a algún muerto en cualquier calle. “A medianoche salían en camiones y los mataban a las puertas del cementerio”, reconoce Antonio. “No había ningún tipo de control, ni justicia, ni tribunales”. En la verja del cementerio de Paradas todavía se pueden encontrar agujeros de bala de los fusilamientos. Una vez fusilados, se abría una fosa común dentro del cementerio y se enterraban los cadáveres, todos juntos, sin ningún tipo de identificación. Hoy en día, existe la Ley de la Memoria Histórica que, entre otras cosas, intenta recuperar los cadáveres de los fusilados en la Guerra Civil e identificarlos para que cada familia pueda enterrar los restos de sus seres queridos.

Las mujeres tampoco se salvaron de las torturas y los fusilamientos. “Recuerdo una vez que vi un camión cargado de personas y entre ellas había una mujer embarazada”, cuenta Juana. Algunas recibían los castigos porque eran opuestas al bando nacional; otras, porque pagaban por sus maridos.

A las que no mataban, las torturaban delante de todo el pueblo. Primero les rapaban la cabeza, las desnudaban y le daban un vaso de aceite de resino migado con afrecho, que era el  salvado de trigo. Después, las llevaban al cuartel de la Falange y las hacían pasar por delante de todo el mundo, con la cabeza destapada, “y como es natural, con el aceite de resino ya se sabe lo que pasa”, afirma Antonio. “Eran cosas muy feas, pero también está lo que no se vio”.

La Guerra Civil llegó a su fin el 1 de abril de 1939. Después de tres duros años de muertes y penalidades, el general Francisco Franco instauró una dictadura que duró hasta el año 1975. Después de la guerra, el pueblo de Paradas, al igual que el resto de España, se sumergió en una crisis económica brutal que provocó la muerte de muchos de sus vecinos por hambre y enfermedades.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Los Galindos, un crimen sin respuesta

El crimen de ‘Los Galindos’, que aún sigue sin resolver, puede incluirse entre los sucesos más trágicos de la historia de nuestro país. Cinco personas asesinadas de manera brutal en una finca a unos tres kilómetros de la localidad sevillana de Paradas, donde no se sabe, y probablemente nunca se sabrá, lo que ocurrió aquel fatídico 22 de Julio de 1975.

Los hechos sucedieron en el ya famoso cortijo de ‘Los Galindos’, propiedad de los Marqueses de Grañina y que tenía, por aquel entonces, unas 400 hectáreas en las que se cultivaban trigo, girasol y aceituna. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde del 22 de julio de 1975 cuando unos jornaleros pasaban junto a ‘Los Galindos’ y reconocieron en el paisaje una nube de humo que procedía del caserío. Así que no dudaron en acercarse, temiendo que fuera un incendio.

Al ver la sangre que había en el suelo y otros detalles extraños, como por ejemplo una lata de gasoil y otra de gasolina cerca del fuego, los jornaleros pensaron que algo grave había ocurrido, por ello decidieron ir a Paradas para dar aviso a la Guardia Civil, mientras otros seguían intentando apagar la paja que más tarde se comprobaría que había sido rociada con productos altamente inflamable.

Reguero de sangre encontrado en la casa de Zapata
Fotografía: Archivo

Cuando la Guardia Civil  llegó al cortijo, lo que más le llamó la atención era el rastro de sangre que cruzaba el patio del caserío y llegaba hasta la puerta de la casa del encargado, Manuel Zapata. Uno de los oficiales, concretamente el cabo Raúl, cogió unas tenazas y consiguió romper el candado que mantenía cerrada la casa. Cuando lograron abrirla, el asombro fue aún mayor, encontraron una gran mancha de sangre que se dirigía hacia el interior de la vivienda. Los oficiales siguieron el rastro de la sangre que los llevó hasta la puerta de una de las habitaciones, que también permanecía cerrada y que consiguieron abrir gracias a un disparo. Allí estaba el cuerpo de Juana, el primero de los cadáveres encontrados, por lo que se avisó rápidamente al Juzgado de Marchena.

En estos momentos, nadie pensaba que había más víctimas en el cortijo. Incluso se creyó que el crimen ya estaba resuelto y que, dada las circunstancias, todos los indicios apuntaban a un crimen pasional, siendo el autor de la tragedia el marido de Juana y encargado de la finca, Manuel Zapata. Esta no sería la primera vez que se consideraría que la tragedia de ‘Los Galindos’ estaba resuelta.

Las personas que estaban intentando apagar el fuego del almiar, no tenían otra manera de acabar con él que removiendo la paja y, en uno de esos intentos, aparecieron restos de cuerpos calcinados de dos personas que, era la joven pareja formada por el tractorista de la finca, José González, y su esposa, Asunción Peralta. El reguero de sangre que cruzaba el patio y llegaba hasta el camino de la entrada era algo muy sospechoso, y más aún,  un montón de paja colocada sin sentido en el sendero. Pues exactamente allí se encontraba la cuarta víctima, identificada por los vecinos de Paradas que contemplaban la escena como Ramón Parrilla, también tractorista de la finca.

Cinco víctimas asesinadas
Fotografía: Archivo 

Se registraron habitaciones, salda de máquinas, patios, granero, esquinas, se miró debajo de las camas, en los armarios, dentro y fuera del cortijo, y no encontraron nada más. Tampoco se sabía nada de Zapata, el capataz de la finca, que no aparecía por ningún lado. De nuevo se creía que el crimen estaba resuelto. Por ello, la guardia civil no dudó en centrar todas las sospechas en él.

Esa misma noche, sobre las doce de la madrugada, la comitiva judicial abandonó el cortijo. En él, ya habían hecho acto de presencia la Marquesa de Grañina y propietaria de la finca y el administrador de ‘Los Galindos’, Antonio Gutiérrez Martín, que habían sido localizados en Sevilla. El Marqués llegó de madrugada al cortijo. Allí, se quedó a dormir esa misma noche junto con el administrador.

La mañana siguiente al crimen fue muy ajetreada en el pueblo de Paradas y en sus inmediaciones, sobre todo para los miembros del cuartelillo de la Guardia Civil de Paradas, Marchena y Carmona. Igualmente, se avisó a la Comandancia de Sevilla de lo ocurrido y de la búsqueda y captura de Zapata.

El viernes 25, tres días después de los hechos, sobre las once de la mañana, llegó la noticia que sumiría a la población en una confusión aún más atroz: el cadáver de Manuel Zapata había aparecido con un golpe brutal en el cráneo, cubierto también con un montón de paja y a la sombra de un árbol situado en la parte trasera del cortijo. El número de asesinados se incrementó hasta cinco y tras la autopsia, se supo que Zapata había fallecido el mismo día que el resto de las víctimas. Ahora la pregunta quedaba en el aire ¿quién era el asesino y porque había cometido la matanza?

Pero un rumor recorría el pueblo: la noche anterior al hallazgo del cuerpo de Zapata, el Marqués de Grañina, propietario del caserío, también durmió en él, como venía haciendo desde que conoció los asesinatos, y fue el encargado de colocar el cuerpo del encargado en el lugar donde fue encontrado a la mañana siguiente. Aunque todo ellos son rumores, el Marqués consiguió que esa noche la pareja de la Guardia Civil que custodiaba el cortijo dejara esa noche la vigilancia de la casa y se trasladara a la entrada de la finca, donde el camino de albero que conduce al caserío acaba y se encuentra con la carretera comarcal que lleva al pueblo de Paradas.

Dos guardias civiles llegaron a insinuar, aquellos días, que vieron al marqués colocar el cadáver, pero éste respondió que si fue así, por qué no lo detuvieron en ese mismo instante. La polémica, en cualquier caso, ya había surgido: ¿Estuvo siempre Zapata en el lugar donde apareció su cuerpo o fue colocado allí días después?

http://www.libertaddigital.com/opinion/agosto/el-crimen-de-los-galindos-1276230581.html